Bloque II: La Edad Media: Tres culturas y un mapa político en constante cambio (711-1474)

 Bloque II: La Edad Media: Tres culturas y un mapa político en constante cambio (711-1474)


CRITERIOS DE EVALUACIÓN 

1. Localizar diversas fuentes tanto primarias como secundarias, para seleccionar, analizar y extraer información histórica relevante, sintetizarla y explicarla mediante distintos procedimientos y con variados recursos como la elaboración de mapas conceptuales, temáticos, líneas del tiempo, etc., sirviéndose de los conocimientos adquiridos, valorando críticamente su contenido y fiabilidad, así como su grado de idoneidad para el fin deseado e insertando la información obtenida en el contexto adecuado.


3. Explicar las características de las culturas musulmana, cristiana y judía en la Península Ibérica y sus respectivos desarrollos, mediante el análisis de los aspectos políticos, económicos, sociales y culturales en fuentes históricas e historiográficas diversas; remarcando las singularidades que los distingue (organización económica, social y cultural introducida por el Islam, concepto patrimonial de la monarquía, régimen señorial, sociedad estamental) y, sobre todo, las interrelaciones, colaboraciones e influencias mutuas que se dieron en todos los planos del desarrollo histórico.


ESTÁNDARES DE APRENDIZAJE

1. Busca información de interés (en libros o Internet) sobre la importancia cultural y artística de un personaje históricamente relevante, hecho o proceso histórico y elabora una breve exposición.

2. Representa una línea del tiempo situando en una fila los principales acontecimientos relativos a determinados hechos o procesos históricos.

3. Responde a cuestiones planteadas a partir de fuentes históricas e historiográficas.

4. Distingue el carácter de las fuentes históricas no sólo como información, sino como prueba para responder las preguntas que se plantean los historiadores.

17. Explica las causas de la invasión musulmana y de su rápida ocupación de la península.

18. Representa una línea del tiempo desde 711 hasta 1474, situando en una fila los principales acontecimientos relativos a Al Ándalus y en otra los relativos a los reinos cristianos.

19. Describe la evolución política de Al Ándalus.

20. Resume los cambios económicos, sociales y culturales introducidos por los musulmanes en Al Ándalus.

21. Describe las grandes etapas y las causas generales que conducen al mapa político de la península Ibérica al final de la Edad Media.

22. Explica el origen de las Cortes en los reinos cristianos y sus principales funciones.

23. Compara la organización política de la Corona de Castilla, la Corona de Aragón y el Reino de Navarra al final de la Edad Media.

24. Comenta el ámbito territorial y características de cada sistema de repoblación, así como sus causas y consecuencias.

25. Describe las grandes fases de la evolución económica de los territorios cristianos durante la Edad Media.

26. Explica el origen y características del régimen señorial y la sociedad estamental en el ámbito cristiano.

27. Describe la labor de los centros de traducción.

28. Busca información de interés (en libros o Internet) sobre la importancia culturas y artística del camino de Santiago y elabora una breve exposición.






ÍNDICE


1. Introducción: el Islam, una nueva religión.

2. Al-Ándalus.

    2.1 La invasión musulmana de la Península Ibérica.

    2.2 Evolución política de Al-Ándalus.

    2.3 La sociedad andalusí.

    2.4 La economía andalusí.

    2.5 Cultura y arte andalusí.

3. Los reinos cristianos durante la Alta y Plena Edad Media.

    3.1 Los reinos occidentales: Reino Astur, León y Castilla.

    3.2 El origen de los reinos pirenaicos. 

    3.3 El avance hacia el sur: La Reconquista.

        - Fases de la Reconquista. 

        - Las repoblaciones.

    3.4 Las Instituciones políticas de los reinos cristianos.

    3.5 La sociedad de los reinos cristianos peninsulares.

    3.6 La economía de los reinos cristianos peninsulares.

    3.7 La cultura medieval en los territorios cristianos de la Península.

4. La crisis de la Baja Edad Media.











1. INTRODUCCIÓN: EL ISLAM, UNA NUEVA RELIGIÓN.

    El Islam será la última de las grandes religiones monoteístas en aparecer, lo hará a principios del siglo VII, cuando Mahoma empieza a predicar la palabra de Alá en el oeste de Arabia. 

La nueva religión logra expandirse por la región gracias a su simplicidad, la unión de la Umma y la igualdad frente a Dios, lo que chocaba con las ideas anteriores de división social y religiosa. Al principio, los primeros seguidores de Mahoma tendrán que huir de La Meca (Hégira, 622) hacia Medina, pero al final logran imponer sus ideas y los líderes locales se unen a las nuevas creencias, consiguiendo una gran cohesión social y unidad interior. 

Tras consolidarse la nueva religión, se inicia una rápida expansión hacia occidente y oriente, ocupando el Imperio Persa, arrebatando las regiones de Siria y Egipto al Imperio Bizantino, además avanzan hacia las estepas asiáticas y la India, al mismo tiempo que por el norte de África ocupan el norte del continente, llegando a las puertas de Europa a principios del siglo VIII. 


2. AL-ÁNDALUS.


2.1 LA INVASIÓN MUSULMANA DE LA PENÍNSULA IBÉRICA.

    La llegada de los musulmanes a la Península Ibérica se encuadra dentro del proceso de expansión que el mundo musulmán había iniciado desde Arabia, pero también responde a los problemas que tenía la monarquía visigoda. Por un lado, la población local, en su mayoría hispanorromanos, no se identificaba con el poder visigodo, sostenido por la Iglesia, además de ser una monarquía con cierto carácter electivo y donde siempre se producían luchas por el poder ante cualquier crisis dinástica.

Será en una de estas luchas, entre los herederos de Witiza y el autoproclamado como nuevo rey Don Rodrigo, cuando se produzca la entrada de los musulmanes. Los seguidores de Witiza pidieron ayuda al gobernador musulmán del norte de África, Musa, para que los ayudaran frente al ejército de Rodrigo. Musa envió a Tariq, que venció a Don Rodrigo en la batalla del río Guadalete, comenzando así la ocupación de la Península en el año 711. Posteriormente se uniría Musa con más soldados y aproximadamente hacia el 718-719, gran parte del reino visigodo estaba conquistado, solo quedaron al margen los territorios más montañosos del norte. 

La conquista fue tan rápida porque en muchos casos se produjo un pacto entre los habitantes de las ciudades y los musulmanes, así se mantenían los privilegios y las propiedades de los habitantes locales a cambio del pago de un impuesto a los nuevos dirigentes. Las zonas o ciudades que se opusieron sí fueron conquistadas por la fuerza y sus habitantes esclavizados. 

Los musulmanes no se detendrían en la Península Ibérica, sino que seguirían avanzando hacia el norte, llegando a cruzar los Pirineos y entrando en el Reino Franco, donde fueron vencidos por Carlos Martel en la batalla de Poitiers, en el 732. Tras esta derrota, los musulmanes se retiran hacia el sur y se centran en el control de la Península Ibérica, creando una nueva provincia islámica que se llamará Al-Ándalus. 

2.2 EVOLUCIÓN POLÍTICA DE AL-ÁNDALUS.

    La presencia musulmana en la Península se mantendrá durante ocho siglos, pero irá pasando por diferentes etapas políticas:

- Emirato Dependiente (711-756). La provincia de Al-Ándalus está dirigida por un Emir nombrando por el Califa de Damasco, por lo que depende en todos los aspectos de las decisiones tomadas por el jefe de los Omeyas. 

- Emirato Independiente (756-929). Tras la muerte de toda la familia Omeya, Abderramán logra escapar y se refugia en Al-Ándalus, donde logra el poder y rompe los lazos políticos con la nueva familia reinante en el mundo islámico, los Abbasíes. Es un periodo más inestable, con el primer avance importante de los reinos cristianos del norte hacia el sur, aunque también hay reinados donde mejora la situación como el de Abderramán II.

- Califato de Córdoba (929-1031). Es el periodo de mayor expansión a todos los niveles, económico, social, militar y cultural. Se inicia cuando Abderramán III rompe los lazos religiosos que aún quedaban con el gobierno abbasí y se proclama Califa, por lo que es el representando de Alá en la tierra. Córdoba se convierte en la principal ciudad de Europa Occidental y con el gobierno de Almanzor, los musulmanes atacan a todos los reinos cristianos con razzias para conseguir grandes botines, aunque sin terminar de volver a controlar el territorio.

- Primeros Reinos de Taifas (1031-1085). Con la muerte de Almanzor en el 1002, se inicia un periodo de guerras civiles en Al-Ándalus que termina con la división del Califato en pequeños reinos, con líderes locales que intentan imitar al antiguo califa de Córdoba. El problema es que esta debilidad musulmana ayudó a que los cristianos avanzaran rápidamente hacia el sur, incluso algunos taifas pagaron a reyes cristianos por su protección frente a otras taifas musulmanas, eran las llamadas parias, debilitándose aún más y reforzando a los reinos cristianos con grandes cantidades de metales preciosos.

- Almorávides (1085-1147). En 1085 los castellanos conquistan Toledo con Alfonso VI, lo que provocó mucha preocupación entre los jefes musulmanes, que terminaron por pedir ayuda a los almorávides, pueblo del norte de África y cuya doctrina se basaba en seguir escrupulosamente las enseñanzas del Corán. Los almorávides cruzaron el Estrecho de Gibraltar y vencieron a Alfonso VI en Zalaca (1086) y convirtieron Al-Ándalus en una provincia de su imperio, con capital en Marrakech. Sin embargo, rápidamente se adaptaron a la nueva vida en la Península, suavizando sus ideas iniciales, perdiendo así el control del territorio que se volvió a dividir en los llamados segundos reinos de Taifas.

- Almohades (1195-1212). Llegan a la Península también desde el norte de África y terminan unificando de nuevo el territorio, situando su capital en Sevilla. Sin embargo, ante esta nueva amenaza, los cristianos crean un gran ejército conjunto y los vencen en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), que termina con el último intento musulmán de reunificar la Península y que abrió todo el valle del Guadalquivir a las tropas castellanas.

- Reino Nazarí de Granada (1212-1492). Tras la derrota almohade, una nueva fragmentación del territorio llevó a los terceros reinos de Taifas, cuya vida fue efímera ante el rápido avance cristiano por el sur. Sólo logró sobrevivir el reino Nazarí de Granada, que ocupaba el territorio de las actuales provincias de Granada, Málaga y Almería, y que sobrevivirá durante más de dos siglos sometiéndose al poder castellano y siendo vasallos del rey cristiano. Al final, será conquistado en el año 1492 por el interés de los Reyes Católicos de unificar la Península.


2.3 LA SOCIEDAD ANDALUSÍ

    La sociedad andalusí es el reflejo de la diversidad étnica y religiosa de la España Medieval, además de destacar por una tolerancia bastante mayor que en otras regiones europeas de la época, pues Mahoma planteó que se debía respetar a “las religiones del libro”.

Por un lado estaban los conquistadores, que se dividían entre los árabes, que tenían privilegios, pues tenían mayores fortunas y además se quedaron con las mejores tierras tras la conquista de Al-Ándalus, y luego los bereberes, que eran mayoría entre los conquistadores y que procedían del norte de África, eran considerados musulmanes de “segunda clase” y que ocupaban puestos inferiores en el ejército y la administración, además de recibir peores tierras, sobre todo en el interior peninsular. La relación entre estos dos grupos provocó tensiones e incluso se conocen varias revueltas de los bereberes contra el poder de la minoría árabe. 

Entre los conquistados también había varios grupos, que se dividían por la riqueza, su religión, su origen étnico o incluso por su situación jurídica. 

Los que mejor situados estaban eran los muladíes, que eran cristianos que se habían convertido al islamismo, por lo que no pagaban algunos impuestos, que sí pagaban los dimmíes, que eran personas de otras religiones que pagaban un impuesto por la protección de los musulmanes. Entre los dimmíes estaban los morázabes (cristianos) y los judíos, que se dedicaban a profesiones liberales y al comercio, y que vivían en sus propios barrios, las juderías. 


2.4 LA ECONOMÍA ANDALUSÍ

    La economía de Al-Ándalus siguió basándose en la agricultura, donde la propiedad está en manos de grandes terratenientes, que la cultivan por medio de aparceros. Se produjo un aumento de la producción porque a la tradicional triada mediterránea se unieron nuevos productos como el algodón, el arroz, la naranja o la caña de azúcar; y se impulsó el regadío, sobre todo en la zona del levante.

Este auge agrario fue necesario para que crecieran las ciudades, pues los musulmanes crean un sistema urbano, con la fundación de nuevas urbes o la rehabilitación de las zonas abandonadas desde la crisis del Imperio Romano. Así aparece una importante artesanía, con orfebrerías, talleres de armas o el trabajo del cuero y artículos de lujo. Todo esto se vendía en los zocos, que podían ser barrios enteros de las zonas de la medina de las ciudades, enormes mercados caóticos pero que vendían grandes cantidades de los diferentes productos. 

Por último, esta importante actividad comercial se vio favorecida por la situación geográfica de la Península y su inclusión dentro de las grandes rutas comerciales. Su vinculación con el mundo musulmán hacia que se comercializara con el dinar de oro y el dirham de plata para conseguir objetos de lujo, oro o esclavos, mientras que también se negoció con los reinos cristianos del norte e incluso con el mundo germánico para conseguir productos de lujo como el ámbar. 


2.5 CULTURA Y ARTE ANDALUSÍ.

    Desde el punto de vista cultural, Al-Ándalus se convirtió en uno de los referentes del mundo medieval europeo, con importantes pensadores y filósofos, como Averroes o Avempaces, que recuperaron el pensamiento de Aristóteles. Se introdujo una nueva numeración, de origen indio, que sustituyó a los números romanos, se realizaron tratados de medicina, de agronomía o astronomía, recogiendo parte de los conocimientos clásicos, y que se hubieran perdido sin este trabajo cultural realizado en Al-Ándalus. 

En cuanto al arte, también podemos hablar de diferentes etapas pero que nos han dejado muestras de una arquitectura muy decorada, como la Mezquita de Córdoba, la Torre del Oro, La Giralda, el palacio de Medinat al Zahra o la Alhambra de Granada en el periodo nazarí. 


3. LOS REINOS CRISTIANOS DURANTE LA ALTA Y PLENA EDAD MEDIA.


3.1 LOS REINOS OCCIDENTALES: REINO ASTUR, LEÓN Y CASTILLA. 

    La invasión de la Península por los musulmanes a partir del 711 se produjo muy rápidamente por la desaparición del reino visigodo y la escasa oposición de las ciudades al ejército de Tariq y de Musa. Sin embargo, los musulmanes nunca llegaron a controlar todo el territorio peninsular, y apenas tenían el dominio sobre las zonas montañosas del norte. Será ahí donde surjan pequeños reinos que se opondrán al dominio islámico, asegurando que son los legítimos herederos del reino visigodo y luchando por la cristiandad.


- El reino asturleonés: su origen está en la huida hacia el norte de algunos nobles hispanovisigodos y de población cristiana frente al avance musulmán. Al final se van a organizar en torno a las montañas asturianas y un noble llamado Don Pelayo logra vencer en la “batalla” de Covadonga (722) a una expedición musulmana, creando el llamado Reino Astur y negándose a pagar impuestos a las autoridades musulmanas. Este reino tendrá varios monarcas importantes, sobre todo Alfonso I, que funda el reino oficialmente, Alfonso II, bajo cuyo reinado se descubren las reliquias de Santiago, y Alfonso III, que logró llevar la frontera hasta el Duero, pues eran grandes llanuras despobladas, lo que le permitió avanzar hacia el sur, logrando Ordoño II situar su capital en León, naciendo el reino de León.

Mientras se avanza hacia el Duero, el reino asturleonés es atacado por el este, por musulmanes que suben por el Valle del Ebro, por eso se dota a la frontera oriental de cierta autonomía, apareciendo el Condado de Castilla, que si bien en un principio dependía del rey asturleonés, a partir de Fernán González, va a ser independiente y sus sucesores heredan el condado, naciendo Castilla, que por medio de matrimonio terminará bajo el dominio de Sancho III el Mayor de Navarra.

3.2 EL ORIGEN DE LOS REINOS PIRENAICOS.

    En la zona oriental de la Península, el reino Carolingio de Carlomagno intentaba frenar la influencia musulmana, que volvía a amenazar con cruzar los Pirineos, e incluso fue vencido en la batalla de Roncesvalles. Ante esto, se opta por crear la llamada Marca Hispánica, que eran una serie de pequeños condados que dependían del rey franco y que servían de frontera ante los musulmanes. 

El primer territorio que consigue romper la dependencia con la monarquía carolingia será Aragón, que en el 817 se proclama independiente con capital en Jaca. Poco después surge el reino de Pamplona (origen del reino de Navarra), y que comienzan a expandirse hacia el oeste, llegando a acuerdos con el reino asturleonés y Castilla. El dominio franco en los condados catalanes fue más duradero y no será hasta finales del siglo X cuando logran romper la obediencia con los carolingios y forman un grupo de condados independientes, donde el de Barcelona va consiguiendo el dominio sobre los demás. 

Estos pequeños reinos pirenaicos tendrán unos inicios más difíciles que los reinos occidentales, pues su territorio era más pequeño y montañoso casi en su totalidad, y el avance hacia el sur era más complicado por la fuerte presencia musulmana en el valle del Ebro. Sin embargo, realizaron políticas matrimoniales que les llevaron a unirse, e incluso en tiempos de Sancho III el Mayor de Navarra, llegaron a unificar y controlar todos los reinos cristianos del norte peninsular, bien por matrimonios o por vasallaje. 


3.3 EL AVANCE HACIA EL SUR: LA RECONQUISTA.


Fases de la Reconquista.

    Hasta el siglo XI, los reinos cristianos solo se habían logrado consolidar, sin apenas avanzar hacia el sur. El Reino de León y Castilla ocuparon el territorio vacío hasta el río Duero, pero no lograban habitar y ocupar definitivamente la zona, sino que se convirtió en una zona de paso para que los musulmanes atacaran el norte, sobre todo en tiempo de Almanzor. La situación de los reinos pirenaicos era aún peor, porque controlaban pequeños territorios montañosos, sin apenas posibilidad de bajar hacia el valle del Ebro, por la enorme presencia musulmana, con ciudades como Zaragoza. 

La situación empieza a cambiar a partir del siglo XI cuando se desintegra el Califato de Córdoba y aparecen los primeros reinos de taifa. Al-Ándalus se desintegró en más de 25 reinos independientes que comenzaron a luchar entre ellos por el territorio musulmán, esto fue aprovechado por los reinos cristianos para atacar al sur o exigir el pago de las parias a cambio de protección frente a otros reinos cristianos o taifas musulmanes. De esta forma, fueron los reinos de taifas los que financiaron a los reinos cristianos, que utilizaron ese dinero para consolidar la ocupación de los territorios conquistados, con las repoblaciones y con la construcción de nuevos castillos y fortalezas. 

Sin embargo, estos pagos no evitaron que los cristianos fueran poco a poco avanzando hacia el sur, ocupando los valles del Tajo y del Ebro, con la toma de Toledo, Lisboa, Zaragoza o Lleida, sin que la entrada de Almorávides y Almohades sirviera para reconquistar los territorios, solo significaron pequeños parones en el avance castellano hasta la victoria de las Navas de Tolosa en el 1212, que abrió la conquista del Valle del Guadalquivir a Castilla, y el reino de Valencia a la Corona de Aragón. El punto donde chocarán los dos grandes reinos castellanos será Murcia, que es ocupada primero por los aragoneses pero que al final por medio de un pacto se entrega a Castilla, con lo que Aragón se tendrá que centrar en su expansión por el Mediterráneo porque ya no tiene frontera con los musulmanes en la Península Ibérica, conquistando Mallorca, Sicilia, Cerdeña, Nápoles y los lejanos territorios de Atenas y Neopatria. 

Castilla continuó así ocupando el valle del Guadalquivir, conquistando Jaen, Córdoba y Sevilla, mientras los portugueses llegaban al Algarve. Con lo que solo sobrevivirá el Reino Nazarí de Granada, que se declara vasallo del rey de Castilla y evita su desaparición, sobreviviendo varios siglos hasta su conquista por parte de los Reyes Católicos en 1492.

Al mismo tiempo que se produce este avance, los reinos cristianos se van fusionando, formando dos grandes territorios. El antiguo reino de Pamplona, cambia de nombre y empieza a llamarse reino de Navarra, y queda muy pronto aislado sin poder expandirse hacia el sur, León y Castilla se unen y separan varias veces por políticas de matrimonio hasta que la unión definitiva se produce en el 1230, mientras que el Reino de Aragón y los Condados Catalanes se unen por matrimonio entre la heredera aragonesa Petronila y el conde catalán Ramón Berenguer IV, creando la Corona de Aragón, a la que luego se unirá Valencia y Mallorca. 


Las Repoblaciones.

    Al mismo tiempo que se produce el avance militar cristiano sobre Al-Ándalus se van repoblando las zonas ocupadas, para asegurar su control. Será este reparto el que luego provoque una distribución de la tierra y de la propiedad en las diferentes regiones de los reinos cristianos. Estas repoblaciones tendrán varias fases según avanza la Reconquista, podemos hablar de la presura, la repoblación concejil, y ya los grandes repartos del siglo XIII con las órdenes religiosas y los repartimientos. 

La primera etapa, llamada repoblación libre o presura,  se desarrolla durante los siglos VIII, IX y X, afectando al valle del Duero y la zona sur de los Pirineos, eran zonas escasamente pobladas, por lo que los reyes concedieron tierras a campesinos libres, que se asentaron y formaron nuevas aldeas u ocuparon las antiguas ciudades abandonadas. Esto dio lugar a un grupo de campesinos libres o de nuevos caballeros que vivían de sus explotaciones ganaderas mientras mantenían el territorio frente a los musulmanes. El problema es que para una mayor protección necesitaban vivir cerca de algún castillo o fortaleza y muchos fueron perdiendo sus propiedades para pasar al régimen señorial, ganando la protección de un señor, avanzando así el sistema feudal, pero que en la Península nunca llegó al extremo del resto del continente europeo. 

La segunda etapa, la repoblación concejil, se producirá durante los siglos XI y XII, donde se repuebla los valles del Tajo y del Ebro. En este caso lo que hacen los reyes es conceder privilegios a las nuevas ciudades o las antiguas repobladas por medio de fueros o cartas puebla, por lo que las ciudades formaron concejos y se gobernaban de forma autónoma. Era una manera de contrarrestar el enorme poder que había logrado la nobleza, con su control sobre los campesinos libres. Destaca que en la zona de la Corona de Aragón, no se produjo una llegada masiva desde el norte sino que se permitió quedarse a los musulmanes que no habían huido hasta el sur, siendo conocidos con el nombre de mudéjares. 

La última etapa se produce con el gran avance a partir del siglo XIII sobre Valencia, Murcia y todo el valle del Gualdalquivir. En esta etapa lo que se produce es la creación de grandes latifundios, cuya propiedad recae en las Órdenes Militares, como la de Santiago o Calatrava, o grandes señores como recompensa por participar en las grandes conquistas de este siglo. Sin embargo, los reyes siguen también concediendo algunos fueros a ciudades como Sevilla, Córdoba o Murcia, como contrapeso al enorme poder que habían conseguido los nobles en el sur de la Península. 


3.4 LAS INSTITUCIONES POLÍTICAS DE LOS REINOS CRISTIANOS.

    Los grandes reinos cristianos peninsulares, como Castilla, Navarra y la Corona de Aragón, van a tener instituciones similares, destacando la monarquía, las Cortes y las autoridades de las ciudades, aunque destacan algunas diferencias entre los diferentes reinos. 


La monarquía.

    En la Edad Media, el monarca va a tener una concepción patrimonial del reino, que piensa que es de su propiedad, por lo que se van a producir uniones por el matrimonio entre las familias reales peninsulares, o divisiones de los reinos con la muerte del monarca y el reparto de su reino entre sus herederos. 

El gobierno lo ejerce personalmente, por lo que dirige el gobierno, hace leyes, guía al ejército o acuña moneda. Sin embargo, se va a apoyar en un pequeño grupo que lo asesora, que se convertirá en el Consejo Real, y también habrá una Cancillería, que lleva la administración, y un Tesorería, que se encarga de recaudar los impuestos reales. 

En Castilla, el monarca tuvo más poder que en los otros reinos peninsulares, creándose una legislación propia que otorgaba amplios derechos al rey, como las Partidas de Alfonso X el Sabio o el Ordenamiento de Alcalá. Esta centralización del poder por parte del rey chocó siempre con los intereses de los nobles y de las ciudades, por lo que se producirán conflictos internos y guerras civiles para definir los diferentes poderes que tendría cada grupo político. 

Frente a este poder central en Castilla, en la Corona de Aragón se impone el pactismo, donde el monarca no tiene un poder absoluto sino que tiene que negociar las leyes con las Cortes, que tienen una función legislativa. Además, el rey está obligado a respetar los diferentes fueros y tradiciones de los reinos de Aragón, Valencia, Mallorca y los Condados Catalanes, por lo que su poder era más reducido que en la Corona de Castilla. 


Las Cortes.

    Las Cortes eran una reunión de los diferentes estamentos sociales para la aprobación de impuestos que solicitaba el monarca (subsidios) y en algunos reinos como Aragón o Navarra tenían capacidad legislativa y eran un contrapeso al poder real, mientras que en Castilla estaban más controladas por el rey. 

Cada uno de los reinos peninsulares va configurando sus cortes durante los siglos XI, XII y XIII, y se van uniendo en función de la concentración de los diferentes reinos, así las Cortes de Castilla fueron integrando a las antiguas cortes de León, mientras que en la Corona de Aragón se creo en Cataluña un órgano similar a las Cortes, la Generalitat, que unía a representantes de los diferentes reinos de la Corona y que se encargaba de vigilar los impuestos y el cumplimiento de las leyes por parte del poder real. 


El gobierno de las Ciudades.

    Las ciudades contaban con cierta autonomía para su autogobierno, al principio aparece un cabildo que se elige popularmente, pero el crecimiento de las ciudades hace que este tipo de gobierno sea sustituido por concejos, que al final estarán monopolizados por la nobleza y la alta burguesía, lo que hará que las decisiones favorezcan a los intereses de estos grupos. Además, poco a poco se va imponiendo la figura del Corregidor, que era el representante real en la ciudad y que evitaba que se tomaran decisiones contra los intereses de la Corona. 


3.5 LA SOCIEDAD EN LOS REINOS CRISTIANOS PENINSULARES.

    En la Península Ibérica aparece durante la Edad Media una sociedad de tipo estamental, es decir, está formada por estamentos, que son grupos cerrados a los que se pertenece por nacimiento, siendo muy complicado cambiar de grupo social. Sin embargo, también es importante destacar que la situación de conflicto contra los musulmanes y la continua inestabilidad de los diferentes reinos cristianos, hizo que no se configurase una sociedad estamental o feudovasallática similar al resto de Europa. 

Hay dos grandes grupos, los privilegiados y los no privilegiados. 

- Privilegiados: son una minoría de la población y tienen derechos especiales como no pagar impuestos, ocupar los altos cargos de la administración, la iglesia y el ejército, además de leyes especiales. Se divididen entre dos estamentos, la nobleza y el clero.

La nobleza estaba formada por los privilegiados que ostentaban algún cargo nobiliario, poseían la propiedad de la tierra y vivían de sus rentas, además aseguraban su poder con el mayorazgo, que impedía la división de la propiedad. Debemos diferenciar entre la Alta Nobleza, con grandes propiedades y cercanos a la monarquía, con un nivel de vida bastante alto, frente a la Baja Nobleza, con hidalgos o caballeros, cuyas rentas y propiedades eran mucho menores y con un nivel de vida más bajo. 

El Clero eran los cargos vinculados con la Iglesia, también poseían propiedades y grandes explotaciones, además del cobro del diezmo. Se dividen por varios criterios, en función de sus riquezas podemos hablar de Alto y Bajo Clero, y según su función, podemos hablar del clero secular, que era el que impartía los sacramentos, y el clero regular, que eran los monjes y monjas que vivían alejados de la sociedad y siguiendo una regla u orden. 

- No privilegiados: eran el resto mayoritario de la sociedad, siendo un grupo muy heterogéneo. Destacan los campesinos, cuya situación variaba según fueran propietarios libres o siervos, aunque según avanza la Edad Media y la necesidad de protección de los campesinos, muchos terminan entregando sus tierra a un señor y pasan a ser siervos. Cuando esto ocurría, tenían que pagar una parte de su cosecha al señor a cambio de protección, además de pagar el diezmo a la iglesia, con lo que su situación fue siempre muy precaria y complicada.

Dentro de los no privilegiados aparece también una incipiente burguesía que aparece en las ciudades peninsulares. Se dedicaban al comercio y a las profesiones liberales como profesores, médicos, abogados, etc. Su papel será fundamental para contrarrestar el poder de la nobleza en las zonas urbanas. 

Por último, aparecen minorías como los judíos, que vivían en las zonas urbanas, las juderías, y que se dedicaban al comercio y al préstamo, su situación fue buena excepto en épocas de crisis en las que eran acusados de provocar todos los males y eran perseguidos. También están los mudéjares, que eran los musulmanes que se habían quedado en las tierras peninsulares, se dedicaban principalmente a las labores agrícolas, destacando su presencia en la zona del Levante y Andalucía. 


3.6 LA ECONOMÍA DE LOS REINOS CRISTIANOS PENINSULARES.

    Hasta el siglo XI, los reinos cristianos tuvieron una economía de subsistencia basada en la agricultura y la ganadería, lo que impedía aumentar la población y participar de las rutas comerciales más importantes del Occidente europeo. Sin embargo, con los comienzos de la expansión hacia el sur, poco a poco aumenta la población y va apareciendo una creciente actividad urbana, con artesanía y pequeño comercio en mercados y ferias locales. 

Sería a partir del siglo XII cuando los reinos cristianos de la Península empiezan a comerciar por el Mediterráneo a través de Barcelona o con rutas hacia el sur de Francia, ayudado por la consolidación del Camino de Santiago. 

Castilla optará por fomentar la ganadería sobre la agricultura, porque las grandes conquistas de los siglos XII y XIII fomentaron la cría de la oveja merina, que producía una lana de mucha calidad y muy apreciada en el continente europeo. Así se crea en el 1273 el Honrado Consejo de la Mesta, que controlaba la trashumancia y la explotación de la lana de la oveja merina, que se llevaba hacia el norte, hacia Burgos y desde ahí hacia los puertos del Cantábrico como Santander o Bilbao. Este dominio ganadero provocó numerosos conflictos con los agricultores, aunque en estos siglos los reyes siempre favorecieron a la Mesta. 

Castilla se convirtió en un exportador de materias primas e importador de productos elaborados, lo que hizo que la manufacturas castellanas apenas se desarrollaran.

En Aragón se desarrolla una economía mas diversificada, con agricultura de secano y de regadío, sobre todo con los mudéjares de la huerta valenciana. También existen manufacturas urbanas, que se benefician del comercio por todo el Mediterráneo, apoyados en los Consulados del Mar. 




3.7 LA CULTURA EN LOS TERRITORIOS CRISTIANOS DE LA PENÍNSULA.

    A partir del siglo XI, se producirá un renacimiento cultural en los reinos cristianos peninsulares, sobre todo por el contacto con el sur andalusí y por la llegada de ideas procedentes del Occidente europeo con las peregrinaciones a Santiago de Compostela. 

Comienzan a aparecer los primeros textos de las lenguas romances, surgidas a partir del latín pero con elementos árabes y germánicos, destacando el castellano, el catalán o el gallego-portugués. Además aparece la Escuela de Traductores de Toledo, que empieza a recuperar obras de la Antigüedad Clásica a partir de traducciones árabes, aparecen leyes o cuerpos jurídicos como las Partidas de Alfonso X el Sabio, y además se expanden primero el Románico y luego el Gótico como artes fundamentales, aunque en la península también aparecen el arte mozárabe o mudéjar, lo que crea una gran variedad y enriquecimiento cultural.


4. LA CRISIS DE LA BAJA EDAD MEDIA.

    La época de expansión de la Plena Edad Media termina drásticamente en el siglo XIV con una profunda crisis a todos los niveles.

La primera parte del siglo XIV había traído una sucesión de malas cosechas por un pequeño enfriamiento del clima, con lo que la producción había empezado a descender y la falta de alimentos había debilitado a la población, sobre todo a los más pobres. Con esta situación de debilidad,  la llegada de la peste desde Asia termina con un porcentaje importante de la población, la Corona de Aragón perdió casi el 40% de su población y Castilla un 25%. Este descenso poblacional provoca además que grandes superficies de tierra se dejen de cultivar ante la falta de campesinado, con lo que descienden las rentas de los nobles, que reaccionan presionando más al campesinado, lo que a su vez provoca revueltas contra el poder nobiliar y la sociedad estamental, destacando las que se producen en Cataluña, Galicia o contra los judíos. Además, la escasez de productos ante la bajada de la producción provocaba la subida de los precios y la falta de alimentos en las ciudades, que fueron las zonas que más sufren con virulencia el azote de la peste negra, con lo que muchas se despueblan y sus habitantes huyen a zonas rurales donde el aislamiento protegía de la epidemia. 

Todos estos problemas provocan además conflictos dinásticos por el trono en todos los reinos peninsulares. 

En Castilla, la crisis provocó que la nobleza y el poder real entraran en continuas guerras civiles por el control de las rentas y el dominio territorial del reino. Así, se produce un primer choque entre Pedro I y Enrique de Trastámara, que vence y es coronado como Enrique II, iniciando una nueva dinastía. 

Esta nueva familia reinante va a estar en medio de las luchas nobiliarias, por lo que unas veces apoya a los nobles para ganarse su favor, pero otras intenta negociar con las ciudades para detener el aumento del poder de los nobles, creando instituciones que intentan consolidar el poder real como el Consejo Real o la Audiencia, además de limitar el poder de las Cortes. Sin embargo, esto no sirvió para detener los conflictos y hubo varias guerras civiles como en tiempos de Juan II o bajo el reinado de Enrique IV, donde se hundió el poder real y los nobles controlaban gran parte del territorio del reino, lo que desembocó a su muerte en una nueva guerra civil (1474 – 1479) entre su hermana Isabel y su hija Juana, apodada la Beltraneja. 

En el reino de Navarra lo que se produce es una lucha entre los que querían más autonomía para el gobierno real de Pamplona y los que intentan vincularse con Francia, para evitar caer bajo en control de Castilla. Al final se producen varias guerras civiles y los conflictos terminan cuando Fernando el Católico establece en 1512 un protectorado sobre Navarra y la incorpora de forma definitiva al reino castellano en 1515.

En Aragón, con la crisis demográfica y económica, pues el comercio por el Mediterráneo se hundió, se inicia además un problema sucesorio donde intervendrán los Trastámaras castellanos además de las diferencias entre los distintos reinos de la Corona y las luchas entre las clases populares urbanas y campesinas contra el poder real y nobiliario. Al final se llega a una especie de pacto en la Capitulación de Pedralbes, donde el rey acepta seguir contando con las Cortes de los diferentes reinos pero también se atribuye capacidad para intervenir en la Generalitat, con lo que se denomina pactismo moderado. 

Toda esta situación termina con la llegada al trono de Isabel en Castilla y Fernando en Aragón y su matrimonio, iniciando el reinado de los Reyes Católicos.



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